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Agotamiento muscular.

Aquella sensación en entreno o competición de que el músculo no va, no responde, por más que queremos. Fatiga muscular, el “hombre del mazo” que viene a buscarnos en mitad de competición o entreno pudiendo fastidiar semanas de preparación.

¿Por qué pasa?

Cuando practicamos ejercicio intensamente las reservas de glucógeno muscular pueden agotarse. Cuando esto pasa, nuestro organismo recurre a los depósitos hepáticos de glucógeno, estos también tienen un límite. Cuando se agotan estos depósitos notamos que el combustible se ha terminado, la intensidad del ejercicio disminuye o se interrumpe, esto da tiempo a las células a utilizar ácidos grasos libres que se metabolizan lentamente, más que los hidratos de carbono.

Síntomas.

Se siente un exceso de fatiga, no se puede mantener el ritmo de ejercicio, los músculos no quieren funcionar. Cuando pasa un rato, o disminuimos la intensidad, el metabolismo da el relevo a las grasas y la sensación muscular se recupera pero siempre manteniéndose a un ritmo más bajo.

¿Cómo evitarlo?

Dos o tres días antes de la competición hay que comenzar a ingerir mas carbohidratos, hasta el 70% sobre el total de calorías ingeridas, y no entrenar o entrenar suave. Conseguimos así que nuestros depósitos de glicógeno se llenen, los musculares y hepáticos. La hidratación es importante también, es necesaria para almacenar el glucógeno. Se puede recurrir también a geles de hidratos de carbono complejos y de absorción lenta. Estos se toman durante la actividad física, si lo permite, para ahorrar reservas hepáticas y musculares. Es conveniente probar antes en condiciones similares a las de carrera porque pueden darse efectos adversos (hipoglucemia de rebote).