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Ejercicio físico y altitud. Entrenamiento en altura.

El extra de los campeones, entrenamiento en altura.

Cuando se realiza ejercicio físico en altitud, la ventilación y la frecuencia cardíaca se mantienen elevadas por encima de los valores a nivel del mar, para la misma carga de trabajo, el motivo es la menor presión atmosférica, a esta situación que exponemos nuestro cuerpo se le llama hipoxia.

Los efectos de la altura son tiempo dependientes y permiten distinguir dos estrategias de regulación biológica para sobrevivir en un ambiente hostil de acuerdo al tiempo de exposición, una de aclimatación y otra de adaptación. La adaptación es definida como el desarrollo de ciertas características anatómicas y fisiológicas, provocadas por los agentes estresantes del ambiente, y que permiten al ser vivo vivir en la altura sin necesidad de cambios en su organismo.

Cuando la permanencia en altitud se prolonga unos días, se producen una serie de adaptaciones fisiológicas en el organismo (algunas iniciadas desde el primer momento y otras de aparición más tardía) encaminadas a compensar la menor presión de oxigeno en el aire inspirado

A pesar de que la concentración de oxigeno en la atmósfera no cambia, la presión parcial si lo hace ostensiblemente. Si una persona no aclimatada asciende en poco tiempo a una altitud moderada o alta, sufre una serie de síntomas, conocidos como mal agudo de montaña.

La hipoxia también puede generar una vasoconstricción en la circulación pulmonar y elevar la presión media de perfusión, llegando a generar cuadros de hipertensión pulmonar. Todos estos mecanismos se hacen más notorios en grandes altitudes de entrenamiento.

La ventilación permanece aumentada durante toda la permanencia en altura. Sin embargo las personas que nacen y viven en altura presentan una respuesta completamente diferente, pues tienden a hipo ventilar.

Entre tres y seis días después, el gasto cardíaco disminuye, tanto en reposo como en ejercicio submáximo debido a una disminución del volumen sistólico.

La producción de glóbulos rojos que comienza durante la exposición aguda a partir de los 1500 metros (entre tres y cinco días de permanencia) se hace palpable a las dos semanas aproximadamente. El consumo máximo de oxigeno mejora durante el período de aclimatación, debido a la mejora del transporte, pero sin llegar a los valores alcanzados a nivel del mar.

Las modificaciones hormonales son de difícil valoración por la cantidad de factores externos que influyen en las personas expuestas a la altitud, como son el frío, el estrés, el ejercicio físico, etc. lo cual da resultados contradictorios. De algunos estudios existentes, se puede concluir que los niveles de catecolaminas aumentan durante la permanencia en altitud y en personas aclimatadas, tanto en reposo como en el ejercicio, al igual que la hormona del crecimiento(HGH).

Estudios realizados en los altiplanos de Kenia abren también nuevas perspectivas, pues orientan sobre la idea de que el entrenamiento en altitud puede mejorar los valores de déficit acumulado de oxígeno, lo que implica mejora de la capacidad anaeróbica.

Pero para un deportista de competición es bueno o no?

En resumen, el entrenamiento en altitudes moderadas puede tener un efecto beneficioso en el metabolismo muscular, pero teniendo en cuenta que hay que mantener unos niveles de entrenamiento similares en intensidad y volumen a los que se realizarían a nivel del mar, hay que enfocar el entrenamiento para mejorar un solo componente metabólico, hay que planificar en que momento o momentos de la temporada se realiza y hay que individualizar las cargas de entrenamiento. Además debido a la respuesta tan individualizada de los deportistas a la altitud, es conveniente realizar una estancia previa en altitud para valorar esas respuestas.

El entrenamiento en altura es un recurso especial para generar una sobrecarga adicional que afecta al deportista en su totalidad. El momento de aplicación puede variar según el objetivo marcado, puede ser el de mejorar el rendimiento para competir en el llano (baja altitud) o para competir en altitud.

Las alturas de entrenamiento varían en un rango de 1700 a 2500 metros como máximo. Para entrenar en mayores altitudes, es razonable hacerlo en altitudes escalonadas inclusive con ascensos y descensos respetando los mecanismos de adaptación para cada altura, tal como se hace en el montañismo para evitar una caída brusca y significativa de la carga absoluta de trabajo y los efectos negativos de la hipoxia hipobárica por encima de las altitudes moderadas, de todas maneras entrenar a mayores alturas que las indicadas, no es recomendable, debemos tener en cuenta que el ritmo de carrera, zancada, etc. por ejemplo, serán diferentes conforme aumente la altura.

Podemos esperar mejoras en la resistencia de base, en la resistencia a la fuerza, mejorar la capacidad buffer en el músculo esquelético para una mayor capacidad glucolítica anaeróbica, una mayor tolerancia a la fatiga y una mayor recuperación en períodos de competición, y un mayor control del nivel técnico y táctico (bajo condiciones afectadas por la hipoxia).

Cuando se plantea la necesidad de realizar entrenamiento en la altura es conveniente tener en cuenta previamente las evaluaciones médicas, antropométricas y de capacidades fisiológicas del deportista. Aunque parezca obvio, es muy importante, conocer exactamente la altitud a la que se va a entrenar, el terreno y las condiciones climáticas de la misma.

Al regreso a baja altitud le sigue una fase de readaptación durante la cual aparecen algunos síntomas como irregularidad respiratoria, bradicardia, sensación de fatiga al esfuerzo, que se van regularizando gradualmente. Los efectos de la altura pueden evidenciarse entre los 7 y los 30 días de esta fase.